Vientres de alquiler

Vientres de alquiler

La gestación subrogada, maternidad subrogada, gestación por sustitución o vientre de alquiler o madres de alquiler, es la práctica por la que una mujer acepta quedar embarazada, llevar la gestación a término y dar a luz a un niño, todo ello para otra persona o pareja, las cuales son o se convierten en progenitores del niño.

Qué es el vientre de alquiler

Esta técnica reproductiva se basa en la cesión voluntaria, por parte de una mujer, de su capacidad gestante para llevar a término el embarazo del hijo de una pareja u hombre soltero. Generalmente las parejas que desean iniciar este proceso son personas que han agotado todas las vías médicas para la consecución de una gestación y han resultado, ya sea por problemas de salud o fertilidad, incapaces de conseguir el embarazo deseado. También ocurre que recurren a esta técnica de reproducción asistida las parejas homosexuales de varones y hombres solteros que desean ser padres.

En conclusión, una madre de alquiler es una mujer que acepta, mediante un acuerdo, quedarse embarazada con el objetivo de gestar y dar a luz a un niño que será criado por una pareja o persona soltera como hijo propio.

Tipos

Para poder llevar a cabo la gestación subrogada es necesaria la implicación de tres personas: un donante de semen, una donante de óvulos y una madre subrogada.

Dependiendo de la relación genética de la madre gestante y el bebé, los expertos diferencian dos tipos de maternidad subrogada:

  1. Maternidad subrogada tradicional o parcial: consiste en que la madre gestacional aporta su óvulo pero el espermatozoide proviene del padre que solicita la subrogación o bien de un donante. El bebé es engendrado por medio de la fecundación in vitro por lo que en este caso sí existiría, por tanto, una relación genética con el feto. Esta forma de reproducción está cada vez más en desuso debido a los avances de la medicina y ante los posibles problemas éticos que se plantearan derivados de la relación genética madre-hijo.
  2. Maternidad subrogada gestacional o plena: la mujer gestante aporta la capacidad gestacional de su útero pero no tiene vinculación genética ninguna con el feto ya que los gametos provienen de otras personas diferentes a ella misma. A su vez, en este caso se plantean tres posibles situaciones:
  3.  a) Se utilizan gametos de ambos padres: óvulo y espermatozoides son aportados por la pareja que solicita la subrogación.
    b) Los dos gametos proceden de donante o se recurre a embriones donados.
    c) Un progenitor proporciona uno de los gametos mientras que el otro procede de una donación.

También existen dos clasificaciones diferenciadas en base a la motivación de la mujer que llevará a término el embarazo:

  1.   Subrogación altruista: sin motivación económica pero que sí debe incluir una compensación en base a gastos médicos derivados de la gestación y otros.
  2.   Subrogación comercial: en este caso sí existe una base económica que motiva su ejecución.

La diferencia entre ambas viene marcada por la compensación económica que percibirá la madre portadora. En algunos países esta técnica de reproducción sí está permitida pero solo se concibe en su tipología altruista ya que no se concibe una retribución económica por la gestación sino, únicamente, una compensación por las molestias físicas, gastos de desplazamiento y laborales que se puedan derivar de la donación. De esta manera la gestación no supone un incentivo económico para la gestante, este es el caso de Inglaterra que prohíbe el pago por el hecho en sí de llevar el embarazo a término pero concibe la subrogación altruista.

Desde su inicio como práctica comercial en los años 1970, la gestación subrogada suscita fuertes controversias éticas, legales y sociales. Las distintas posiciones respecto a la subrogación se diferencian principalmente entre aquellas que la consideran como un derecho reproductivo o el ejercicio de la libertad individual y las que la consideran una forma de explotación relacionada con cuestiones de clase socialetnia y raza, en tanto, por ejemplo, es una práctica lucrativa y un negocio basado en posiciones asimétricas​ que conlleva enormes riesgos personales para la madre gestante y está en muchos casos vinculada con la pobreza y explotación de la mujer.

Entonces cabe preguntarse,

¿Por qué es más barata la subrogación altruista?

Porque se suprime el pago de las mujeres gestantes, pero no se suprimen los gastos que contribuyen a mantener el negocio de las denominadas agencias de gestantes que se encargan tanto de los trámites legales como de la consecución de mujeres voluntarias para esta práctica, dejando como resultado la objetualización de la corporalidad de las mujeres gestantes. Es decir, se suprime el valor comercial de ese cuerpo femenino que está en función de la gestación.

Esto, si bien puede ser visto como un acto de generosidad, también debe ser analizado desde todas las aristas, en tanto impulsa el sostenimiento de agencias de gestantes que generan lucro a partir de los cuerpos de las mujeres.

De otro lado, como ya se dijo, existe otro tipo de subrogación que se denomina comercial porque dicho proceso se realiza a cambio de una contraprestación económica. Esta contratación se suele hacer por medio de una agencia. El presupuesto será uno u otro en función del contrato negociado, y en países como Estados Unidos, Canadá y Rusia oscila entre 60 mil y 100 mil euros.

Existen numerosos argumentos y críticas en contra de esta técnica de reproducción asistida. Las agencias que la promueven argumenta la existencia de motivos de mucho peso que justifican esta práctica, como son los problemas de infertilidad, los elevados costes y el largo proceso de adopción, entre algunos que empujan a muchas parejas a recurrir a esta técnica para poder hacer realidad su sueño de ser papás.

Vuelve y cabe la pregunta, ¿y en todo esto, donde están las mujeres que ponen sus vientres para esta práctica? ¿Pueden ser consideradas sólo como “vientres”? ¿Qué lugar ocupan en el negocio de la subrogación gestacional? No podemos perder de vista que son ellas y sus cuerpos las que parecen ser invisibilizadas y objetualizadas, ante los propósitos que se interpretan en las dos caras de esta moneda: ver cumplido el sueño de la futura familia del bebé gestado y el lucro y el prestigio que obtiene la agencia que adelanta los trámites y acompaña el proceso.

Para ampliar las visiones sobre el tema te sugerimos chequear el siguiente enlace

ADJUNTO 1 – Hablan los ‘vientres de alquiler’: “Las feministas no son nadie para prohibirme hacer feliz a los demás y a mí misma”

En la actualidad el vientre de alquiler altruista, o la subrogación gestacional como se propone denominar a esta práctica para acortar las brechas de género, está permitido en algunos países como Reino Unido y Canadá. En el caso de Reino Unido está permitido para sus residentes, mientras que Canadá es un país con una amplia experiencia en subrogación, la práctica es 100% legal y compatible    para cualquier modelo familiar

Obligaciones para la madre gestante

1) Permitir que se haga la transferencia embrionaria

2) Gestar el feto en su vientre hasta el nacimiento del bebé,

3) Renunciar a los derechos sobre el bebé en favor del padre biológico y su esposa.

Obligaciones para los padres de intención

1) Pagar todos los gastos médicos y legales generados como consecuencia del embarazo

2) Asumir la responsabilidad de custodia sobre el recién nacido,

3) Como regla general, pagar a la madre subrogada una compensación

La situación legal de esta práctica a nivel mundial es diferenciada y va desde la prohibición expresa hasta la reglamentación detallada, pasando por la ausencia de legislación que la mencione de manera directa en algunos países.

Vientres de alquiler o madres de alquiler son los nombres más comúnmente usados para hacer referencia a la gestación por subrogación, o gestación subrogada. Desde la forma en que es más comúnmente nombrada y conocida esta práctica nos enfrentamos a un concepto que está lejos de reducir la brecha de género.

Conviene entonces reflexionar en torno a la condición de ser una “madre” de alquiler, o tener un vientre de alquiler en vez de un “proceso de subrogación”, porque el hecho concreto es que en realidad, se desarrolla una actividad que depende de la compra-venta de una función fisiológica de una mujer concreta, que pone en riesgo su salud y su vida por dinero, pero finalmente lo que vende es un hijo, gestado en su útero y parido por su vagina; y que quienes lo compran, no toman en cuenta su propia vida ni su salud, lo que resulta éticamente inaceptable a costa de la vida y la salud de otra persona, y concretamente de una mujer generalmente empobrecida.

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