La histórica tendencia a acusar a sus víctimas

En todo esto, las feministas reconocieron rápidamente que cientos de miles de mujeres no podrían haber sido masacradas y sometidas a las torturas más crueles de no haber sido porque planteaban un desafío a la estructura del poder.

También se dieron cuenta de que tal guerra contra las mujeres, que se sostuvo durante un periodo de al menos dos siglos, constituyó un punto decisivo en la historia de las mujeres en Europa. S.XVI y XVII…

Pero… en todo esto, el tema del «pecado original» sirvió como proceso de degradación social que sufrieron las mujeres con la llegada del capitalismo. Lo que la conforma, por lo tanto, como un fenómeno al que debemos regresar una y otra vez si queremos comprender la misoginia que todavía caracteriza la práctica institucional y las relaciones entre hombres y mujeres.

Pese a esto, las brujas siempre han sido mujeres que se atrevieron a ser valerosas, agresivas, inteligentes, no conformistas, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarias […] entonces por ello se dice que una bruja vive y ríe en cada mujer. Ella es la parte libre de cada una de nosotras […] Eres una Bruja por el hecho de ser mujer, indómita, airada, alegre e inmortal (Morgan, 1970: 605-06).

La cacería de mujeres tomadas como brujas supera unas cifras más que alarmantes:

Por ejemplo,

en Alemania al menos 3.200 brujas fueron quemadas sólo entre 1560 y 1670,

en Escocia fueron unas 4.500 mujeres ejecutadas entre 1590 y 1650

Pero la cantidad puede ser mucho mayor, entonces ¡quemaban mujeres  por veintenas y centenas!

Entonces no queda duda de que la caza de brujas fue una iniciativa política de una importancia dramática.

La Iglesia Católica proporcionó todo el andamiaje metafísico e ideológico para la caza de brujas e instigó la persecución de las mismas de igual manera en que previamente había instigado la persecución de los herejes.

Mira con atención este video que da cuenta de la persecución de mujeres dada en esta época

En conclusión fueron numerosas las muertes de mujeres, los castigos a las «brujas» y, sobre todo, los siglos de campañas misóginas de la Iglesia contra las mujeres. Pero, al revés de lo que sugiere el estereotipo, la caza de brujas no fue sólo un producto del fanatismo papal o de las maquinaciones de la Inquisición Romana.

¿Qué miedos instigaron semejante política concertada de genocidio?

¿Por qué se desencadenó semejante violencia? Y

¿Por qué fueron las mujeres su objetivo principal?

Cada acontecimiento es interpretado como la expresión de un poder oculto que debe ser descifrado y desviado según la voluntad de cada uno. Las implicaciones que esto tiene en la vida cotidiana vienen descritas, probablemente con cierta exageración, en la carta que un sacerdote alemán envió después de una visita pastoral a una aldea en 1594:

El uso de encantamientos está tan extendido que no hay hombre o mujer que comience o haga algo […] sin primero recurrir a algún signo, encantamiento, acto de magia o método pagano. Por ejemplo, durante los dolores de parto, cuando se levanta o se baja el niño […] cuando se lleva a los animales al campo […] cuando han perdido un objeto o nadie lo ha podido encontrar […] cuando se cierran las ventanas por la noche, cuando alguien se enferma o una vaca se comporta de manera extraña, corren inmediatamente al adivino para preguntarle quién les robó, quién los encantó o para obtener un amuleto. La experiencia cotidiana de esta gente nos muestra que no hay límite para el uso de las supersticiones […] Aquí todos participan en las prácticas supersticiosas, con palabras, nombres, poemas, usando los nombres de Dios, de la Santísima Trinidad, de la Virgen María, de los doce Apóstoles […] Estas palabras son pronunciadas tanto abiertamente como en secreto; están escritas en pedazos de papel, tragados, llevados como amuletos. También hacen signos, ruidos y gestos extraños. Y después hacen magia con hierbas, raíces y ramas de cierto árbol; tienen su día y lugar especial para todas estas cosas. (Strauss, 1975: 21)

 

 

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